Ilustre Cabildo Superior de Procesiones de Totana


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Singularidades

COMPAÑÍA DE CABALLEROS ARMADOS

Semana SantaLa “Compañía de Caballeros Armados” conocida popularmente como “Los Armaos” constituye una de las tradiciones más vistosas y coloristas, y al mismo tiempo más antiguas y queridas que se conservan hoy en la ciudad de Totana.

Aunque sus antecedentes pudieran situarse muy atrás en el tiempo al estar posiblemente enraizada en una cofradía integrada por hijosdalgos y caballeros ya existentes en 1602, así como también en las milicias concejiles totaneras; la primera noticia documentada que tenemos data del año 1765, fecha de constitución de la actual compañía, y está recogida en un manuscrito realizado por D. Cristobal de Mora Cánovas, diario particular en el que se inserta junto a personales anotaciones, pequeñas crónicas parciales de lo acontecido en su tiempo.

No sabemos en qué momento comenzaron a acompañar la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, pero debió de ser pronto porque esta tradición es de hondo calado en Totana, así lo confirman varios testimonios del siglo XIX. Por otra parte, la presencia en esta compañía de miembros de la oligarquía urbana que también estaban vinculados a la Cofradía del Santísimo Sacramento, viene a corroborar este planteamiento. Igualmente sabemos que asistían a los oficios de Jueves Santo y acompañaban el Santísimo Sacramento en el traslado al monumento, tradición que se recuperó hace unos años, después de estar varias décadas sin practicarse.

Además, los armaos tenían por costumbre acompañar a otros pasos en su traslado al templo de Santiago en la tarde-noche de Miércoles Santo.

Forman la compañía unos cincuenta miembros, siendo dos los aspectos que más llaman la atención de estos “soldados semansanteros”: la indumentaria y los ejercicios que realizan cargados de simbolismo.

El traje típico de “Armao” está compuesto por morrión, chaquetilla, calzón bombacho, faja roja, medias blancas, zapatillas de cuero con cintas, coraza plateada, capa roja, guante blanco más una espada para los jefes y una pica para la tropa.

Semana SantaDe todo este conjunto hay un elemento a destacar muy especialmente: “el morrión”, cuyo trabajo de elaboración y vistosidad hacen de él mucho más que un casco; es una pequeña obra de arte que evidencia la paciencia estética del artesano. Pero no sólo este morrión es propio y exclusivo de Totana, el vestuario del “Armao” en su conjunto es único, no sólo en nuestra región, sino también en el resto del territorio nacional.

En Totana los “Armaos” visten el uniforme de los soldados españoles de la Edad Moderna, incluso hasta en su organización están agrupados en “Cuartas”, cuatro soldados comandados por un jefe. En definitiva es una reproducción de los soldados que luchaban en Flandes o que fueron a la conquista de América con la única diferencia del yelmo, que en los “Armaos” presenta una decoración barroca.

Entre los ejercicios destacan: “La PUntoná” y la “Rueda del Caracol”. “La Puntoná” es ancestral ejercicio que sobresale no sólo por su elegante y peculiar belleza sino muy especialmente por lo que simboliza; la sumisión de los “Armaos” a Dios, al sumisión del poder humano a lo divino. Es un ceremonial que alcanza su más alta magnificencia en los Oficios Litúrgicos de Jueves Santo, cuando llegado el momento del procesional y solemne traslado del Santísimo, los “Armaos” no sólo lo escoltan sino que en singular movimiento humillan por dos veces su bandera, para que tendida al suelo, pase el Sumo Hacedor sobre ella camino del “Monumento”; Monumento al que a modo de nobilísima guardia de honor, acompañaban hasta la celebración de los Oficios Litúrgicos de la tarde del Viernes.

La “Rueda del Caracol” es renacentista alarde caballeresco, demostración del lucimiento y destreza en la que todas las filas con el jefe al frente y al ritmo que marca el tambor, giran unos sobre otros a manera de espiral, hasta lograr reproducir la figura del caracol.

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ORQUESTA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Si bien Totana cuenta con sonidos propios en su Semana Santa, el asombro y la emoción inflaman los espíritus de propios y foráneos al escuchar cada jueves y cada Viernes Santo los acordes de la secular “Orquesta de la Dolorosa”, la más sorprendente de las orquestas. Violines que plasman la elegante belleza de unas sentidas marchas de dolor, singulares composiciones sacras de gran virtuosismo y solemnidad, unas del laureado compositor totanero Juan Miguel Marín Camacho (siglos XIX y XX), y otras decimonónicas de autores olvidados. Suspiros y sollozos que son arrancados a unos instrumentos por entusiastas músicos aficionados, música pasionaria totanera que aquí estremece el corazón y que también ha sabido impactar en actos nazarenos de Murcia capital o en la mismísima Catedral Hispalense.

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BOCINA

Es la bocina un instrumento metálico con el que se emite un sonido característico que en Totana va unido a su Cuaresma y a su Semana Santa. Tiene aproximadamente unos cuatro metros de longitud. Comienza en punta para ir ensanchándose hacia el final en donde se remata con formas que se semejan la cabeza de una serpiente o de un dragón. En la parte más fina lleva una boquilla con la que se emite su peculiar sonido. Para extraer de ella todas sus posibilidades es necesario concentración pues requiere aguantar varios sonidos largos, pero, sobre todo extender y prolongar la peculiar cadencia con que concluye este toque. Dadas sus dimensiones suele ir colocado en un pequeño carro que asemeja a un trono. Cada cofradía la suele decorar con una reproducción en pequeño de su imagen titular.

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La existencia de este instrumento en la Semana Santa de Totana va ligado a sus orígenes. Tenemos constancia documental de diversas acciones de las cofradías encaminadas a su construcción, reparación o al pago de las personas encargadas de hacerla sonar.

Semana SantaEste instrumento que se quieren asemejar a «los clarines o trompetas de grandes dimensiones utilizadas ya en el siglo XVII y que nos hacen recordar las bocinas utilizadas por los levitas para convocar al pueblo judío a determinadas funciones religiosas» comienzan a escucharse en Totana en la noche de cada Miércoles de Ceniza. Surge este sonido como gemido del alma buscando hueco en las noches cuaresmales para despertarnos de la indiferencia y el letargo en la que nos sume la falta de compromiso y solidaridad. Es el de la bocina, un eco dulce, emocionante, pero también austero y lúgubre, pero ante todo es un silbido de reflexión. La tradición señala que sus sones se toquen especialmente, cada noche de Miércoles y Viernes de ese tiempo penitencial y en Semana Santa hasta las tres de la tarde de Viernes Santo, momento en el que calla para dar paso al silencio de la cruz, para dejar que sea Cristo con su muerte en el madero el que proclame y anuncie el sentido, la esperanza y la fe de su entrega. Esos sonidos tienen la capacidad de interpelar sobre el peregrinar por la vida terrena. Quieren recordar que somos caducidad en el ajetreo de cada día y con sus sones invitan a vivir en la acción. Son para algunos, ecos de burla, de misterio para otros, pero ancestrales y profundos para todos. Sonidos que se remontan al pasado más oculto pero que tienen también, la frescura con que algunos pocos totaneros saben traerlos al presente.

Semana SantaDurante siglos nuestros mayores escucharon este sonido en la oscuridad y la mudez de la noche de otros tiempos. Igualmente, sigue repitiéndose en la actualidad gracias a la incansable labor de determinadas personas de nuestro municipio. Entre ellas, es necesario destacar a don Francisco Cánovas Rosa y a don José María Martínez Muñoz. Este último comenzó en la década de 1940 a tocar este instrumento, recogiendo la tradición de sus mayores. Como continuador de esta saga familiar tenemos a su sobrino don Juan Martínez Fernández, verdadero impulsor del arte de la bocina. Su dedicación y cariño por este instrumento ha hecho posible revitalizar su uso. Gracias a su apoyo y aliento son varias las hermandades y cofradías que en la actualidad disponen de bocina. Como buen conocedor de este singular instrumento, don Juan Martínez Fernández ha participado en varios encuentros de Semana Santa dando a conocer nuestra bocina y su peculiar sonido. Igualmente, en 1993 intervino en el ciclo de música religiosa celebrado en la ciudad de Alcalá de Henares. Posteriormente lo ha hecho en varias ferias de turismo celebradas en la capital de España, como también en el recinto ferial IFEPA de Torre Pacheco, en Sevilla y en varias procesiones de Semana Santa de la Región de Murcia.

Aunque han sido varias las iniciativas promovidas para potenciar y mantener esta tradición, entre las que destacan la concentración de bocinas en la noche de Miércoles de Ceniza en la plaza de la Constitución, como también el incentivo a hermandades y cofradías para que mantengan su uso durante los desfiles procesionales. Asimismo, es necesario plantear la conveniencia de crear un grupo de personas con la misión de transmitir su conocimiento y posibilidades a los más jóvenes, sobre todo porque el valor de estos gestos ayudan a conectar con el pasado, a no perder el horizonte, pero también a permanecer alerta para que cuando el ronquido vibrante del metal de la bocina resuene de nuevo año tras año en el silencio de la noche el corazón del creyente se encuentre bien dispuesto y sus sones no le hagan sentir el vacío de la nada, sino la plenitud de haber cumplido el encargo del Padre: ser luz en el mundo y fermento en la masa.

TABLETAS

Un singular elemento de identidad de nuestra Semana Santa es el sonido de las tabletas, un instrumento formado por cuatro brazos que a modo de cruz griega lleva incorporados entre ellos mazos de madera que al colisionar con la estructura que los acoge produce un martilleo similar al de unas tablas que se golpean de un modo constante, de ahí el nombre de tabletas. Su funcionamiento se produce a través de una manivela que las hace girar y que antes se movía a mano. En la actualidad están mecanizadas. Su sonido seco y lúgubre, que sustituye al de las campanas que callan en los días centrales de la Pasión, nos acercan al drama de la Cruz. Con ellas la ciudad entera gime por la muerte del Nazareno. Es tradición que las tabletas comiencen a tronar en la torre de la iglesia parroquial de Santiago en la tarde de Jueves Santo, prolongándose hasta avanzada la noche de Viernes Santo, cuando concluye la procesión del Santo Entierro, en épocas pasadas seguía su tableteo durante Sábado Santo hasta la celebración de la Resurrección.

Semana SantaCon independencia de lo llamativo de este instrumento, todo él está cargado de simbolismo. Desde su estructura, una cruz que al ponerse en movimiento se transforma visualmente en una rueda, símbolo de lo perfecto, con lo que principio y fin se unen en ella, hasta su golpeteo expresión de todo un pueblo que se aflige ante el dolor del Nazareno, por la soledad de un Dios que muere en atroz tormento por redimir al hombre y restaurar la Salvación.

Su uso y ubicación en la torre de la iglesia de Santiago está constatado desde el siglo XVII pues en 1690 se pagaron 10 reales al carpintero Francisco Alcón por «aderezar la matraca». En la década de 1950 se dejaron de usar ya que las existentes hasta entonces estaban en muy mal estado y la persona encargada de hacerlas sonar había fallecido. Fue en los años 80 del pasado siglo, siendo presidente de la Junta de Procesiones, don Juan Antonio Yáñez de Lara cuando se encargo la construcción de unas nuevas tabletas. Este trabajo fue realizado por el carpintero de la localidad don Juan Martínez Martínez «El Lirata». Desde entonces y para evitar su deterioro se colocan en la torre de Santiago para la Semana Santa.



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